El cataclismo de Shyish alteró el orden de todos los Reinos Mortales, afectando en mayor o menor medida a todas las razas que los habitaban. Sin embargo, hubo dos grandes consecuencias que dictaron el devenir de las Guerras del Alma que acababan de comenzar: el Arcanum Optimar y la revelación de las Criptormentas.
Estaba hecho. Nagash había cumplido su objetivo, un paso más hacia un mundo muerto en el que él reinara sin oposición. El Gran Nigromante había llevado la muerte a todos los Reinos Mortales. La hegemonía del Caos había quedado muy atrás y Sigmar ya no decidiría dónde se librarían los conflictos venideros. Habían comenzado las Guerras del Alma.
El ser inmortal conocido como Nagash es un horror devorador de dioses que ha muerto innumerables veces para luego volver a resucitar tras cada derrota, reencarnándose en alguna forma cadavérica aunque tardase siglos en hacerlo. Para Nagash, el paso de los milenios es como el paso de los años para un mortal. Si bien el Gran Nigromante tiene cientos de hechizos letales a su disposición y su terrible espada ha matado a docenas de reyes y señores de la guerra, hay quienes dicen que su mayor virtud es su paciencia para esperar siglos antes de atacar en el momento preciso. Pese a todo, esta no es infinita.
Bueno, Nama me paga un sueldazo de 0 leuros arcanos para hacer reseñas de libros de 40K, y después de desviarme ligeramente con algunos temas de warhammer underworlds, ya va siendo hora de ir ganándome el sueldo.
Ya reseñé los primeros tres libros de la herejía (puedes ver la reseña aquí), y voy a seguir por orden. Es pues el turno de “La Huida de la Eisenstein”, de James Swallow.
Como siempre, haré la reseña sin spoilers, orientada un poco a los que no se la hayan leído. Me estoy planteando, mas adelante, hacer también una reseña de cada libro ya entrando de lleno en el tema, con spoilers y resumiendo la trama de forma profunda, con un poco de cachondeo para hacerla mas amena, para los que ya se hayan leído los libros, o para aquellos que nunca quieran hacerlo pero quieran saber un poco sobre la Herejía. Bueno, ya veremos, el tiempo dirá. Sin mas dilación, empecemos.
Los Reinos Mortales son conocidos con ese nombre por una buena razón. Aquellos que viven allí pueden hacer lo que quieran con su vida y ese es un buen motivo para luchar. Sin embargo, todo lo que vive, desde el más pequeño insecto al mayor behemoth, encontrará antes o después el final de sus días. Cuando lo haga, se convertirá en uno con la muerte. En ese momento pasará a ser propiedad de un ser, y solo de uno, para que haga con su alma lo que considere apropiado. Ese ser es Nagash.
Hola de nuevo. Ya estamos de vuelta a la rutina y, por supuesto, de vuelta al trasfondo de la Edad de Sigmar. Hoy os describo una de las facetas más oscuras que tienen nuestros queridos Eternos de la Tormenta. Es una entrada corta que funcionará como precuela en dos partes de las Guerras del Alma. Intentaré subir pronto la segunda parte de la precuela para dejaros con los dientes largos para el plato principal. Vamos a ello.
En estas 3 novelas se narra la caída de Horus Lupercal y el inicio de la herejía.
“Yo estaba allí – acostumbraba a decir después, hasta que después se convirtió en un tiempo que no producía ninguna risa-. Yo estaba allí, el día que Horus mató al Emperador”.
«Horus, Señor de la Guerra», de Dan Abnett.
Que tal compañeros de Cargad, yo estuve allí ese mismo día, el día en que Horus se cargó al Emperador de 63-19, y hoy me gustaría contar lo que pasó ese día y los que le precedieron. Y por cierto, lo haré sin spoilers.