
Salud maníacos de la táctica.
En mi anterior post, https://cargad.com/index.php/2026/03/23/warhammer-torneo-de-almaden/, me pedisteis que comentara y analizara tácticamente el torneo de Almadén. Y eso es lo que voy a hacer ahora mismo. Este torneo, como todos los que he jugado en este año, se basa en objetivos. Esto lo hace muy distinto de lo que yo estaba acostumbrado de mi anterior etapa como jugador. También afecta mucho a mi juego y a mis resultados. Expondré primero en que consistían los objetivos de las cinco partidas y luego expondré mi opinión. Si te interesa sigue leyendo.
-Primera partida: Despliegue oculto. El objetivo era muy sencillo: Se trataba de una batalla campal donde se venía con una tarjeta para cada unidad y personaje. Cada una se desplegaba por separado sin que tu rival supiera que era. Por lo demás era una batalla campal, sin más, puntuando cuadrantes, general, puntos de victoria y todo lo habitual.
-Segunda partida: Botín de guerra. Esta partida tenía más miga: Se trataba de que tus unidades capturaban objetivos -fichas- y se las llevaban con ellos. Las infanterías y caballerías podían coger dos objetivos, el resto solo uno. Conservabas el objetivo hasta que te mataban la unidad o te la hacían huir. En ese caso lo soltabas y lo capturaba el otro si no perseguía. Solo puntuaban los objetivos y estos tenían un valor aleatorio que iba de los 100 a los 400 puntos cada uno. El resultado de la batalla lo decidía la suma conjunta de los objetivos que hubieses capturado.
-Tercera partida: Ocupación. Esta partida era muy sencilla y muy extrema: Solo puntuaban los cuadrantes, cada uno 500 puntos, no se podía puntuar de otra manera. Para tener un cuadrante debías tener en él mayor potencia sumando todas las unidades en el mismo. Así de simple.
-Cuarta partida: Objetivos. En esta se colocaban tres objetivos equidistantes en la zona central. Se puntuaba únicamente teniendo unidades con al menos potencia cinco en cualquiera de los objetivos a partir del turno dos. Eso te daba doscientos puntos por turno. Si ambos bandos tenían unidades entonces lo dominaba quien tuviera más potencia de unidad. Ninguna otra cosa puntuaba.
-Quinta partida: Despliegue aleatorio. Esta era la monda: Dabas a tu rival las mismas tarjetas que habías usado para el despliegue oculto de la primera partida. El hacía lo propio. Ibais sacando cartas -recordad que representaban unidades, personajes, máquinas y de todo- y las tenías que ir desplegando. Siempre desplegabas la siguiente a la derecha de la desplegada la última vez. Si te quedabas sin sitio el resto de unidades pasaban a la reserva y entraban como tales en la partida. Esto hacía que los personajes no solo estuvieran separados de las unidades, si no que se desplegaran al lado de unidades que no tenían nada que ver con las que tú habías previsto en el plan inicial.
Bien pues estas eran las partidas. Todos sabéis que creo firmemente en dos cosas: El principio unidad fundamental-unidad de apoyo, la necesidad de llevar un plan de batalla realizado previamente. En estos dos pilares se ha basado mi juego toda mi vida. Se que como decía Klausewitz ningún plan sobrevive al contacto con el enemigo, pero como decía Eisenhower esto no excluye la absoluta necesidad de un planeamiento previo que rija la creación de tu ejército.
Es evidente que los objetivos van contra mi forma de jugar. Así la primera partida -despliegue oculto- fue la que mejor me fue pues pude desplegar de la forma que tenía prevista. La segunda -la de botín de guerra- no me fue mal pero porque tuve la suerte de que mis objetivos valían más que los del rival así que es una partida muy aleatoria. La tercera, la de cuadrantes, me pasaron por encima pero ahí tuvo que ver, además de la ineficacia de mi lista para tomarlos, lo gran jugador que era mi rival para vencerme. La cuarta, la de objetivos, me encantó. Ya me había tenido que agarrar a la mesa en la segunda partida pero en la cuarta casi me quedo grapado a ella para conseguir un empate. La quinta era un absoluto despitorre.
Y dicho todo esto… Cualquiera diría que estoy contra los objetivos ¿no?. Pues no, en absoluto. Los objetivos funcionan igual para ambos bandos y produce que tú no puedas llevar una lista totalmente currada pero el rival tampoco. Supone un soplo de aire fresco ver que algunas listas absolutamente perras o no se pueden jugar o sudan de los lindo en algunos objetivos. Supone el uso de unidades que hasta ahora no habías jugado por no entenderlas. Por ejemplo imaginemos la quinta partida -despliegue aleatorio- y que tenemos nuestro general pegón al lado de una unidad de diez arqueros elfos con músico. El solo es poca cosa. Unido a los arqueros no es mucho más. Pero ¿Y si los arqueros hubieran sido doce guardias del mar con estandarte? Serían más caros sí pero dispararían -aunque más corto- y combatirían dándole al personaje un bonificador de +4 si forman en tres filas. Y además todos pegarían con su lanza en vez de pegar solo los cinco arqueros de primera línea. ¿Veis la diferencia? ¿Veis el cambio en el uso de las unidades?
Todo esto te enseña a jugar con lo que tienes y con lo que te sale. Adáptate como jugador. Se trata de un nuevo reto táctico. Se trata de agarrarte a la mesa y jugar a tope porque aquí no puntúa solo matar y has de saber como conseguir puntuar aun en desventaja.
¿Esto excluye el plan de batalla? Para nada. Desde mi punto de vista lo intensifica lo que ocurre es que debe ser un plan de batalla adaptado a los objetivos que te pide el torneo. De esta forma, además, evitamos el llevar la lista super pulida de siempre a todos lados obligándote a hacer cosas nuevas.
¿Esto excluye el principio unidad fundamental-unidad de apoyo? Para nada. Pero ahora las relaciones no son tan estrechas entre unidades. No creas esa unidad que sirve para apoyar a esa otra concreta y para casi nada más. Ahora tienes que crear unidades más polivalentes y encontrar la cooperación de unas con otras.
¿Ha afectado a mi juego y resultados? Evidentemente. Estoy aprendiendo, pero esto me lleva al punto final de mi análisis. Llevo jugando desde el año 92… Si este sistema consigue que tenga que volver a aprender, que tenga que volver a esforzarme y que vuelva a enamorarme de este bendito juego. ¿Qué más se puede pedir?
Pues si, se puede pedir que la competición sea más sana. Y aquí, con los objetivos, ya no estás tan seguro de la fortaleza de tu ejército, no estas tan seguro de su resultado, es todo más aleatorio, cuando te acostumbras se echan más risas y el juego se toma menos en serio lo que redunda en la deportividad de las partidas.
Y ahora ¿Que más se puede pedir?
Que los dados os sean propicios.
Daradriell.
