
Saludos, Señores de la Guerra.
Supongo que casi todos sabréis lo que es el síndrome de Diógenes. Es una enfermedad mental que hace que la persona afectada tenga una necesidad de acumular cosas que no va a utilizar nunca. Casi todos en pequeña medida tenemos un cierto grado de diógenes (por ejemplo mi madre tiene un montón de películas en dvd… por si algún día le apetece verlas). Los casos más graves son de personas que incluso acumulan basura en casa.
En nuestro hobby, la línea entre coleccionismo y el síndrome de Diógenes es muy fina. Tan, tan fina que ni existe. Las empresas odian la palabra «acumular», hablan siempre de «coleccionar» (¡colecciona miniaturas! ¡libro de coleccionista!). Pero son cosas que quizá nunca uses, ni pintes, por lo que podría llamarse Diógenes. Por no hablar de un caso claro de Diógenes que todo el mundo tenemos en casa, eso que se llama Caja de Restos. Ahí van a parar todos los restos de las matrices de miniaturas de plástico, para hacer conversiones (aunque casi nunca las hagamos) o decorar peanas. Y en cientos de hogares, las cajas de restos van creciendo y creciendo conformando un síndrome de Diógenes miniaturil a gran escala. Recuerdo haber tenido una caja incluso con elementos para hacer escenografía. Caja enorme que acabó en la basura, no sólo por tener suficiente escenografía ya sino porque algunas cosas empezaban a tener vida propia (el musgo es muy peligroso).
Hay otro Síndrome de Diógenes muy habitual, y es lo que algunos llaman Síndrome de Diógenes Digital. No, no me refiero a tener más de 100 juegos en Steam gracias a las rebajas de verano y los Humble Bundles. Me refiero a imágenes, textos y PDFs. Dado que hay tantísima cosa gratis en Internet, muchos nos hemos ido bajando material y material y material (gracias a webs que no paran de darnos acceso a estas cosas). Que si todos los suplementos para la primera edición del juego de rol de Warhammer, que si fotos de todas las miniaturas de Infinity, que si estandartes para marines espaciales aunque nunca se acaben imprimiendo, que si todas las ilustraciones de La Herejía de Horus, que si docenas de mapas urbanos para nuestras partidas de Cthulhu…
Sí, queridos parroquianos, nuestros discos duros rebosan de megabytes de cosas muy interesantes relacionadas con nuestro hobby habitual, pero que jamás llegaremos a usar. Esto no deja de ser una enfermedad. Tenemos que ser conscientes de que estamos enfermos. Y necesitamos una cura. Y la necesitamos pronto.
Yo, mientras la espero, voy a bajarme unos PDF que acabo de ver sobre El Rastro de Cthulhu, que seguro que los necesitaré algún día…







