Saludos, Señores de la Guerra.
Os contaré una cosa. Durante años, en las típicas cenas de navidad, a veces sale el tema de «cine». O de series, da igual. La cuestión es que acaban diciéndome que a mí no me gusta el cine español (ni las series españolas). Y siempre tengo que argumentarles lo mismo: no me gusta el cine de guerra civil o postguerra (que sí, que es algo que no debemos olvidar para que no se repita, pero… por mucho que pongan series no lo vamos a recordar más ni menos). No me gusta el «costumbrismo» o cine de crítica social (prostitutas, parados, etcétera) por muy bueno que sea, aunque hay excepciones («Die Welle», o sea La Ola). Y las comedias «cacaculopedopis» estilo Torrente raramente me gustan (excepción: la trilogía de Austin Powers). Siempre les acabo diciendo que no es que esté en contra del cine español (en contra de tantas subvenciones sí, pero ese es otro tema) sino que generalmente no me gustan ciertos estilos.
Por eso, cuando en el cine español se tocan temas frikis (que son los que me gustan), pues entonces sí que me interesa: y por eso celebro e intento ver cuando se hacen producciones de terror (El Día de la Bestia o La Herencia Valdemar), «historia» (Alatriste), fantasía (El Laberinto del Fauno, de la que hablaré largo y tendido otro día) o ciencia ficción, el género menos explotado por el cine patrio. Por suerte, muy de vez en cuando sale una película de ciencia ficción. Y por suerte, alguna vez es una película muy interesante.







