
Saludos, Señores de la Guerra.
Games Workshop. Amada (hasta extremos increíbles) por algunos. Odiada (hasta extremos increíbles) por otros. En algunos casos es ambas a la vez. Síndrome de Estocolmo o simple entretenimiento. Secta de fanáticos o motivo de odio irracional hacia una empresa que hace lo mismo que las demás, pero con más éxito.
Games Workshop es una gran empresa que, seamos sinceros, provoca todas esas reacciones por dos motivos: uno, porque nos importa lo que haga (a mí me la trae al fresco lo que haga Yamaha con sus motos), y dos, porque es la empresa líder del sector (a mí me la trae al fresco lo que haga la carnicería «Mi Exmujer Y Yo»). Así que lo que hace, lo que dice, las decisiones que toma y los productos que saca Games Workshop generan más reacciones que las demás empresas del sector (tanto en los aficionados a nuestro hobby como en la competencia).
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