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Hola a todos, y bienvenidos al club de las partidas introductorias. Donde no terminas un proyecto y te embarcas en otro. El club donde los reglamentos cambian de edición sin estrenarse y en lugar de dejarte la pasta en minis, como ya tienes muchas, te dejas la pasta en papel. Bonito papel lleno de fotos de miniaturas que te gustaría tener y pintar… El último de ellos? StarGrave.
Avanzo en el trasfondo de mi ejército en la campaña de Tierras Yermas que estamos jugando. La primera parte del relato se perdió en La Quema, así que la vuelvo a incluir por si no recordáis de dónde sale todo…
Obviamente he añadido los detalles de la anterior batalla que jugué, Demonios vs Bretonia. Hoy tengo nueva partida de campaña, ¿cómo evolucionará el trasfondo?
Recientemente he adquirido el nuevo libro de Para Bellum, Campaigns: Chronicles and Legends para Conquest y me apetece hacer una breve reseña sobre el contenido.
Be’lakor había esperado mucho este momento. Desde las sombras, el Primer Príncipe había observado la muerte de un mundo y el nacimiento de otros ocho. Con repulsión vio como el rey humano Sigmar levantaba la civilización en un monumento a su ego y desde la Era de los Mitos quiso profanar y destruirlo todo. Sin embargo, cuando los Dioses del Caos decidieron intervenir, no le escogieron a él para dirigir a sus ejércitos, sino al advenedizo Archaon. Archaon el Usurpador, Archaon el Pretendiente. Fue él quien blandió el hacha del verdugo en el Fin de los Tiempos y de nuevo era él quien comandaba las hordas del Caos con el favor de sus amos. Nada deseaba más Be’lakor que hundir sus garras en la garganta de su rival y despellejar su patética alma, mas no era un necio. El Elegido era intocable mientras contara con el patrocinio de las deidades caóticas. Es por eso que el Primer Príncipe se había mantenido al margen de los acontecimientos que decidían el destino de los Reinos Mortales. Hasta ahora.
El duelo sobre el monte Avalenor era una lucha de titanes, una batalla épica de hechicería que se libraba tanto en el plano físico como en el astral. La historia que se contaría después sobre ello resonaría en todos los Reinos Mortales y los sabios dirían que la batalla era inevitable desde que Nagash recogió el primer grano de arena para construir su Pirámide. Quizá Teclis y Nagash lo sabían de cierto modo, incluso cuando eran aliados en el Panteón del Orden. Ambos dioses sabían que llegaría el día en que sus dotes arcanas serían puestas a prueba por el otro y ahí estaban los dos en la cima de su poder.
Una y otra vez, los Lumineth confrontaron a los Ossiarch en el campo de batalla. Los cielos se oscurecieron cuando cientos de miles de murciélagos abandonaron sus cuevas en busca de sangre fresca imbuidos por la gran cantidad de magia de la Muerte. Incluso las mismas montañas se retorcían, sus laderas rezumando un denso fluido carmesí en anticipación de lo que estaba por llegar. Algo vil y antinatural se acercaba, tan maligno que incluso los animales podían sentirlo.
Y finalmente, el último Mortarca hizo su aparición. Nagash había reservado a su más fiel súbdito la misión más importan: llevar su venganza a los altivos elfos que habían osado atacar sus territorios en Shyish.