Saludos, Señores de la Guerra.
Este post es únicamente para polemizar. O no.
Espero que vosotros, comentaristas, deis (en este caso más que nunca) vuestra opinión sobre qué pasa en el hobby de Wargaming cuando una empresa vende juego y miniaturas. (Quedan excluidos DBA y demás por poderse jugar con las miniaturas que te salga del nardo… Endakil, ahí te doy la razón 😉 )
Es decir. Veamos la evolución de la empresa que más vende de este hobby. Games Workshop tiene su revista (White Dwarf) y saca un juego (Warhammer) en 1983, y empieza a sacar miniaturas para ese juego. Después saca pinturas para esas miniaturas, y miniaturas de plástico multicomponente. Luego libros de ejército, se transforma en S.A., y sobrevive (bastante bien) aunque los aficionados maldigamos su infantilización.
Rackham, compañía francesa, saca en la segunda mitad de los ’90 (1.995 si no recuero mal) un juego llamado Confrontation. Sin necesidad de reglamento (viene con cada miniatura) ni trasfondo, todas las miniaturas de metal. Tiempo después lanza su propia revista, Cry Havoc, que personalmente opino que es una revista excelente. Saca después su propia gama de pinturas, sale a bolsa, y salta al plástico… de hecho al plástico prepintado (y a precio de metal) y actualmente ya tiene libros de ejército.
La gran esperanza era (y hablo en pasado) Privateer Press, que sacó un muy buen juego llamado Warmachine (y Hordas, su hermano gemelo). De metal, despotricando de «esos juegos con miniaturas de plástico». Sacó la revista No Quartier Magazine para ampliar el trasfondo de sus Reinos de Hierro, y evidentemente no pasó mucho hasta que sacaron su propia gama de pinturas. Y, sí, ahora tienen miniaturas de plástico multicomponente (que, ahora que las hacen ellos resulta que el plástico es la polla con cebolla) y libros de ejército.
Que nadie me malinterprete, a mí me gustan las miniaturas de plástico, son menos frágiles y más ligeras, no hay que hacer anclajes, y las conversiones cuestan menos. También me gustan los libros de ejército donde tengas más de 100 páginas de reglas y trasfondo. Pero lo que no me gusta (a mí, ¿y a vosotros?) es que unas compañías empiecen con algo DISTINTO a «la gran GW» y, por ambición o por yo que sé, acaben bajándose los pantalones y haciendo lo mismo con tal de vender más. Sí, son empresas y van a ganar dinero, si no serían una ONG, pero opino que si un juego es diferente no es sólo por las miniaturas y el reglamento sino por la filosofía detrás del juego.
¿Qué opináis?




