En el post de hoy quería compartir con vosotros un pensamiento que lleva en mi cabeza desde hace mucho tiempo, y es sobre las armas que portan nuestras miniaturas favoritas, en este caso de Games Workshop. ¿Qué pasa con el diseño de las armas?
Hace algo más de dos meses del último post dedicado a analizar las listas de Hordas Invasoras en comparación a las listas de los libros de Sexta, y ya tocaba. Si queréis mirar por vuestro lado, podéis descargar Hordas Invasoras aquí, el libro de ejército de Sexta aquí y el Manuscrito de Nuth aquí. Aquí podéis ver la comparativa de Altos Elfos, Bretonia, Condes Vampiro, Elfos Oscuros, Elfos Silvanos, Enanos, Hombres Lagarto e Imperio.
Ha pasado…. lo que me temía ha pasado, y por partida doble:
Las piezas terminadas han adelantado a los posts.
Me he viciado a un videojuego XP
¿Significa eso que se para el proyecto? ¡Ni de coña! Solo que irá con más calma. Y para muestra, un botón…. hoy os enseño como me han quedado los famosos blips 🙂
Buenos días, buenas tardes, y buenas noches como diría Jim Carrey en El show de Truman.
En este artículo quería compartir un tema sobre los que nos dedicamos a jugar wargames y es sobre los ejércitos que escogemos para echar nuestras partidas. Unos escogen uno determinado por ser el que mejores perfiles de unidades tiene y por ser el que te garantiza la victoria en determinadas ediciones. Otros por el atractivo que suscita la estética y el trasfondo que rodea a esa facción. Siempre estará el que juega con lo que está de moda sin tener en cuenta los criterios anteriores, al ser la novedad que Games Workshop ha lanzado al mercado. Con independencia de por qué se hace la elección del ejército siempre se da el hecho de que, tal y como es el ejército, la personalidad del jugador queda reflejada de un modo más o menos sutil. Todo detalle queda reflejado en el tablero de juego, desde nuestros gustos hasta nuestras manías, y expresan cómo es uno en realidad. Pues bien, voy a poner aquí mis casos personales de ejércitos para comentarlos tras pensar mucho en qué reflejan de mí, así que, ¡vámonos, átomos!